Supongo que está usted leyendo este post, en buena medida gracias al susto que se ha llevado al ver el título del mismo ¿No es cierto?
En los tiempos que vivimos, de descrédito de la política y de cabreo ciudadano con todo lo que suene a partidos o instituciones, ¿A quien se le ocurriría reivindicar la politización de el #oGov? Pues lean atentamente, ya verán como cuando terminen este post, están en buena medida de acuerdo conmigo.
Comencemos por algunas evidencias, más de un lustro después de haberse comenzado a formular las tesis doctrinales del Gobierno Abierto, si miramos a nuestro alrededor y a pesar de las magníficas frases con las que gobiernos de todo tipo en nuestro país las reciben, cuando miramos a nuestro alrededor lo que vemos es un enorme erial, en el que solo una CC.AA ha conseguido construir un modelo más o menos completo del mismo: Euskadi.
En el resto del país, como mucho, podemos comenzar a ver construcciones incipientes de Open Data, leyes de transparencia más o menos felices, intentos de construcciones participativas en algunos municipios dispersos…. nada serio, nada consistente, nada con posibilidades de futuro.
¿Culpables? Creo que los primeros hay que buscarlos entre nosotros, los que hemos teorizado sobre estas materias en nuestro país, que hemos tratado de mantenerlo inmaculadamente limpio y blanqueado, alejándolo de la política realmente existente, la de los partidos e instituciones que hacen leyes y desarrollan reglamentos, y hurtando de esta forma cualquier puesta en marcha de sus principios en gobiernos reales, esos que solucionan los problemas reales de ciudadanos reales.
Si miramos a nuestro alrededor en el mundo, hay una característica coincidente en los mejores ejemplos de Gobiernos que tratan de abrirse, un fuerte liderazgo político. Tanto Barack Obama como Patxi Lopez y David Cameron, por solo poner tres ejemplos, trabajaron con ideas de gobiernos abiertos tremendamente diferentes, pero todas ellas fantásticamente políticas, sacándolas del ámbito tecnico y académico para convertirlas en políticas activas, políticas reales, políticas con un presupuesto, unos objetivos y una visión de la sociedad.
Podemos seguir debatiendo en el vacío sobre ideas más o menos brillantes, pero si no somos capaces de bajar a la realidad estas ideas y principios, convirtiéndolas en debates entre partidos, párrafos en programas electorales, interpelaciones parlamentarias y Proposiciones no de Ley (PNL) , dentro de unos años nos llevaremos las manos a la cabeza ante la oportunidad perdida.
Cada uno desde su ideología ( ¡¡Sorpresa, las ideologías siguen existiendo!!) , su visión social, o su aproximación a la realidad, el reto es politizar el Gobierno Abierto, hacerlo visible, tangible, real; obligar a políticos y partidos a posicionarse ante sus postulados.
Ya pasó el tiempo del buenmuchachismo tecnocrático, es hora de que estas ideas abandonen la torre de marfil, es hora de politizar el Gobierno Abierto.