Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (III): Nuevas formas de participación

La participación ciudadana ha cambiado, internet y las redes sociales han dinamitado los viejos modos y las antiguas formas en las que los ciudadanos participaban, un cambio que aún no ha sido asumido por los partidos políticos.

En el seno del PSOE la participación de los militantes tiene procesos y cauces determinados, estrechos espacios físicos y temporales en los que se puede practicar, marcados por asambleas, congresos, comités y conferencias y otros en los que no puede hacerse. Una forma de participación que servía perfectamente en la España del pasado siglo, pero que en éste resulta demasiado estrecha y frustrante.

La participación ciudadana ha cambiado radicalmente, e internet marca el final de una era y el comienzo de otra. Hoy los ciudadanos ya participan atendiendo a nuevos esquemas, son basicamente arquitecturas participativas que tratan de la resolución de cuestiones hiperlocales, son efímeras en lo temporal,  y ubicuas en cuanto al espacio físico.  

No hablamos solo de ejercer el derecho a opinar, sino de que estas opiniones supongan cambio reales y de tener permanentemente abierta la capacidad de propuesta individual y colectiva; no hablamos solo de alzar la voz en una asamblea para proponer o protestar, sino de articular espacios para la co-creación; no hablamos de enmendar un documento durante 5 horas en un congreso, sino de conseguir que cualquier documento esté vivo de forma permanente para quien pueda mejorarlo; no hablamos de más asambleas o de asambleas más largas, sino de poder participar de forma remota y asíncrona. El siguiente gráfico recoge los principales cambios desde la idea de participación tradicional a esta nueva participación que se está produciéndose ya a nuestro alrededor.

Captura de pantalla 2012 08 29 a las 01.44.05 Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (III): Nuevas formas de participación

 

Y si la participación de los ciudadanos en su vida diaria ha cambiado, creo que sería inteligente comenzar a adaptar las estructuras del PSOE para que estos nuevos tipos de participación tengan cabida, algo que ya están haciendo numerosas organizaciones sociales emergentes y muchas empresas.

Por supuesto que no va a ser fácil que un partido con 130 años de historia en el que la participación de los militantes se ha estructurado siempre de la misma forma asuma estos cambios, y en realidad no tiene que hacerse de forma radical, sino paulatina, combinando la participación tradicional con nuevos espacios ( ¿ por que no comenzar con las organizaciones sectoriales?) en los que pueda  trabajarse en base a estos nuevos principios para ir adaptándolos a la cultura de la organización de modo que incluso los militantes más veteranos se sientan cómodos.

Y no, no estamos hablando de una asamblea online permanente, sino de procesos más abiertos y flexibles en los que poder aprovechar la inmensa sabiduría colectiva que atesoran los militantes del partido, en los que exista una posibilidad real de aprendizaje de las experiencias de militantes situados a cientos de kilómetros de distancia, de la posibilidad de abrir ciertos procesos a simpatizantes y ciudadanos cuya única vinculación con el partido sea ideológica, no orgánica.

Pero claro, si cambiamos la forma en la que participamos, esto también va a suponer que tendremos que cambiar la forma en la que se toman algunas de las decisiones, pero de eso hablaremos en el próximo post: “Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (IV): Tomando decisiones en entornos complejos”

Si has llegado hasta aquí, quizá deberías leer todos los posts de la serie:

 

 

 

 

Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (II): De la necesidad de ampliar las formas de militancia

 Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (II): De la necesidad de ampliar las formas de militancia

El PSOE  ha evolucionado muy poco desde el punto de vista organizativo desde su 28 congreso. El final de la dictadura franquista y el abandono de la clandestinidad alumbraron un partido cuyo mayor reto fue su articulación territorial, conseguida con notable éxito a los pocos años, de tal suerte que quedaron pocos pueblos en España sin su agrupación local del Partido Socialista. Una articulación que ha sido en buena medida responsable de su buen comportamiento electoral durante todos estos años.

Para los que vivieron esa época, ( y para los que no) simplemente recordarles algunos pequeños detalles: En 1978 no solamente no existían los teléfonos móviles, sino que no todos los hogares españoles tenían teléfono fijo; ni siquiera se había inventado el fax, internet se popularizaría casi 20 años más tarde, y las redes de carreteras y ferrocarriles eran casi decimonónicas, se podían tardar perfectamente 8 horas recorriendo la distancia entre Bilbao y Madrid, y algo más entre Sevilla y la capital. Un viaje Barcelona – Madrid superaba las 12 horas.

En esa época los ciudadanos se comunicaban por correo escrito, y si era muy urgente por telegrama, que en un lujo de velocidad, podía entregarse en el domicilio del destinatario en doce horas, pero cuyo precio era prohibitivo. Era una sociedad en la que los ciudadanos se relacionaba  lentamente, y los gobiernos disponían de las únicas herramienta de comunicación masiva eficientes: El parte de RNE y el telediario de RTVE, la única televisión que existía.

Los partidos políticos, casi recién nacidos, no tenían acceso a la ciudadanía salvo en periodos preelectorales , y su herramienta de comunicación de masas más sofisticada eran la “vietnamita” (también llamada ciclostil) , una suerte de impresora a manivela con la que se editaban pasquines en tamaño A4 para ser buzoneados por el pueblo o la ciudad.

En esa España que los más jóvenes solo conocen a través de series como “cuéntame”, el PSOE adoptó un esquema organizativo acorde a los tiempos, bien trabado, garantista y eficiente, que le permitía llegar a millones de ciudadanos en pocos días gracias a sus agrupaciones, y que por otro lado permitía equipos políticos estables y permanentemente articulados.

Las casas del pueblo, tras nacer como verdaderas escuelas populares en las que se enseñaba a leer y a escribir a los trabajadores, pasaron durante esos años a ser centros de debate político en un país en el que ambos conceptos habían sido proscritos durante 40 años, lugares donde se aprendía democracia y se practicaba la militancia de forma abierta, convirtiéndose en verdaderos polos de atracción política para decenas de miles de ciudadanos que quería participar en el nuevo tiempo que estaba naciendo.

Hoy, 34 años después, las cosas siguen casi igual, salvo por la introducción de los grupos sectoriales el esquema organizativo del PSOE y sus métodos para generar consensos internos, articular mayorías y definir programas sigue siendo basicamente los mismos.

Los años no han pasado en balde,  la sociedad ha evolucionado de forma prodigiosa, y las formas de militancia que funcionaban durante esos años ya son parte de un pasado lejano. Si hoy le decimos a un joven de 18 años que su participación política tiene que realizarla exclusivamente en su agrupación local, acudir a inacabables debates sobre las cuestiones más peregrinas, escuchar tediosos discursos doctrinales y sobre todo que debe prescindir de toda capacidad de propuesta, ya que las mayorías tremendamente estables y conservadoras de las agrupaciones no quieren saber nada de moderneces y solo buscan mantener el statu quo, no tenemos ni una sola posibilidad de que permanezca afiliado más de dos semanas.

Internet, las redes sociales y las herramientas de la llamada web 2.0 han abierto nuevas formas de debate y participación absolutamente ajenas al funcionamiento de los partidos. Nuevas formas de comunicación, de trabajo colaborativo permanente, de debate no presencial, de toma de decisiones colectivas, de implicación hiperlocal de ciudadanos que viven a miles de kilómetros; en definitiva, un nuevo territorio donde la política, si quiere sobrevivir, ha de adaptarse a un nuevo entorno en el que sus reglas de siempre ya no valen.

Nuevas formas de compromiso social y político que han de construir necesariamente una nueva forma de militancia que conviva – al menos de momento- con la tradicional y que permita que una nueva generación se comprometa políticamente con sus propias herramientas y sus propios lenguajes.

Pero de eso, hablaremos en el próximo post: “Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (III): Nuevas formas de participación”

Si has llegado hasta aquí, quizá deberías leer todos los posts de la serie:

 

Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (I)

Captura de pantalla 2012 08 26 a las 03.12.131 Reprogramar el PSOE para hackear el gobierno (I)

Según leo en la prensa, el PSOE va a celebrar durante el otoño que está a punto de entrar, una conferencia de organización que entiendo tiene dos objetivos: El primero sin duda debe poner las bases para volver a presentarse en sociedad como opción de gobierno tras el varapalo electoral de hace unos meses, y por otro, quizá previo incluso al anterior, emprender una amplia renovación de estructuras, métodos organizativos, equipos y programas.

Nadie me ha llamado a esa fiesta, pero como creo que alguien del PSOE si que lee esta bitácora, me auto-invito yo mismo con la sana intención de contribuir a ese debate con algunas ideas, a sabiendas de que este tipo de convocatorias suelen convertirse en un coro de voces -en algunos casos, quejosas, otras incluso malhumoradas- y tratando de que ese griterío se convierta en esta ocasión en una multitud de manos que se pongan a la tarea de debatir sin apriorismos y sobre todo, haciéndose cargo de la obra que la socialdemocracia española tiene por delante. Es decir, trabajando más que protestando, si ello fuera posible de una santa vez.

Para empezar, quiero denunciar una de las falacias más exitosas de los últimos tiempos, aquella que dice que los partidos deben funcionar como las empresas privadas, prima hermana de esa otra que defiende que la economía de un país es homologable a la economía doméstica de una familia. Dos ideas que a pesar de ser groseramente falsas forman ya parte de un imaginario colectivo cada vez más reducido a “lugares comunes”.

No, no creo que un partido político deba funcionar como una empresa privada, ni siquiera en el caso de que nos refiramos a una empresa tecnológica, los metodos organizativos de una empresa, sus objetivos, sus métodos de selección de dirigentes y sus incentivos son tan absolutamente antagónico, que si alguien optase por hacer convivir esas dos culturas, el partido resultante implosionaría violentamente y se descompondría en neutrinos antes siquiera de haber conseguido siquiera elegir su comisión ejecutiva.

Mas bien creo que si a algo debe comenzar a parecerse el PSOE es a internet, es decir, una estructura abierta, donde las tareas se realicen de forma colaborativa sin controles ni permisos y de forma generativa.

¿ Y es posible transformar el PSOE, una organización altamente jerárquica y centralizada en un modelo de  partido-red sin perder eficacia? Yo creo que no es facil, y que evidentemente es una tarea que deberá ser realizada en diferentes fases, pero con sinceridad creo que es posible, y a eso voy a dedicar los próximos posts en esta bitácora.

No me cabe duda que el PSOE sigue siendo la unica fuerza progresista de nuestro país con posibilidades de gobernar, pero su software se ha quedado anquilosado, necesita una urgente re-programación tanto de su código fuente como de nuevas apps y widgets que le permitan loguearse en estos nuevos tiempos. Porque sin un PSOE reprogramado en software libre y con sus líneas de código abiertas a la ciudadanía, será imposible conseguir el último objetivo, que no es otro que el de hackear el gobierno. 

 

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Definiendo los estándares políticos para el Open Government

open government logo Definiendo los estándares políticos para el Open Government

Hace escasas semanas y  organizado por el Gobierno Vasco, se reunió  en Euskadi un amplio grupo de expertos para comenzar a clarificar los estándares del Gobierno Abierto, es decir, las características que deben tener una política, acción o plataforma para ser considerada dentro del espectro del Open Government.

Durante los últimos tiempos hemos vivido un inusitado auge de la etiqueta “Ogov”, a la que  diferentes gobiernos y actores políticos han pretendido hacer caber iniciativas, desde las más serias a las más peregrinas. Lo que lleva a plantearse una cuestión crucial:  ¿Que iniciativas pueden ser consideradas formalmente como Gobierno Abierto y cuales otras son meramente acciones de marketing político, gobierno electrónico o de cualquier otro ámbito?

A pesar de que a todos nos queda claro que la apertura de un perfil institucional en Facebook o de otro personal del político de turno poco tienen que ver con el Gobierno Abierto, la respuesta a esta pregunta no es sencilla, y para poder contestarla de forma seria, consistente y neutral, es necesario definir unos estándares que marquen con nitidez donde comienza y donde termina el Gobierno Abierto.

Un grupo importante de expertos ya están comenzando a tratar de fijar de forma colaborativa ese minimo común denominador  que debe cumplir una estrategia o una política concreta para ser considerada como de Gobierno Abierto, que ya tiene un calendario cerrado e hitos importantes a cumplir.

Pero dándole vueltas a todo esto, creo que debemos definir una cuestión previa, que hay una tarea anterior, que no es otra que tratar de definir una serie de estándares políticos que tiene que cumplir un gobierno para que sus políticas puedan calificar y ser consideradas. Me explico.

Imagínense un pais sin prensa libre tratando de que sus políticas de colaboración con la empresa privada califique como gobierno abierto, o a otro que posea un régimen de partido único proponiendo y vendiendo  como oGov una plataforma de participación estamental y cerrada. No estoy hablando de ejemplos lejanos.

Por tanto, además de fijar esos estándares técnicos, debemos tratar de definir las características políticas formales debe poseer un gobierno para que sus iniciativas en este campo puedan ser  se consideradas como de Gobierno Abierto, y ese es el reto que quiero plantearles.

Partiendo de que el límite inferior debe fijarse en que solo los países democráticos, con elecciones libres, directas, secretas y con un sistema de prensa libre y sin cortapisas pueden calificar como idóneos para que se tengan en cuenta sus políticas de Open Government ¿ Que otras características formales debe poseer un gobierno para poder puntuar en este ámbito?

Les invito a dejarme sus ideas en los comentarios.

 

¿Quien es el autor de esta frase?

Les propongo un juego este domingo, a ver si son ustedes capaces de adivinar el autor de esta frase, y no vale googlearla, que les conozco. Fastuosos y mollares premios esperan a los ganadores:

«Hoy España lleva una vida chata, desfallecida, sin entusiasmos, encerrada entre dos capas que la asfixian y comprimen. Por arriba, le han quitado toda ambición de poder y de gloria; por abajo, todo justo afán de mejoramiento para sus gentes humildes. Ambas cosas provienen de que hemos dejado de ser una fuerte unidad para convertirnos en toda clase de divisiones, con ventaja de políticos y de la farsa parlamentaria. De esos políticos que, salidos muchos de vuestras mismas gentes y de estos mismos pueblos, apenas consiguen su acta de diputados no vuelven a ellos, si no es para deslumbramos con su bienestar y riqueza, adquiridos con el esfuerzo de vuestros votos. De ese Parlamento donde no preocupa en absoluto la vida de España, sino las menudas pasioncillas, donde transcurren sesiones enteras ventilándose rencillas de partido o personas, y donde pasan inadvertidos y de cualquier forma los proyectos y planes más vitales para España».

Venga, comiencen ustedes a pensar y arriésgense.

 

Para quienes no puedan esperar, la solución la tienen en este post de José Andrés Torres Mora, un gran post, por cierto, de esos que deberían hacer reflexionar a más de uno.

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