Una ley de propiedad intelectual distópica

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Probablemente fue John Stuart Mill  la primera persona que acuñó el término distopia para tratar de definir el reverso tenebroso y opuesto a modelos sociales, políticos y económicos utópicos que muchos pensadores trataban de comenzar a dibujar hace dos siglos. Un término al que dieron contenido más tarde Orwell con su “1984“, Burgess con “La Naranja Mecánica” , Bradbury con “Fahrenheit 451″ o casi toda la posterior literatura Cyberpunk.

Pues bien, para los optimistas tecnológicos que hace ya más de una década pensábamos que Internet iba a ser un espacio democrático abierto al conocimiento y al aprendizaje, un espacio de libertad para la circulación de ideas y una plataforma perfecta para la innovación empresarial, social y política, el gobierno de España, el partido que lo sustenta y sus aliados parlamentarios han demostrado una vez más la gran barrera de cristal que separa a la mayoría de la clase política española de los ciudadanos de a pie. Y no digamos ya de sus núcleos más activos de emprendimiento e innovación.

Miren, la aprobación esta semana en el congreso de los diputados de la LPI con la mal llamada “Tasa Google” incluida en su articulado  es un es un solemne despropósito, no porque castigue a una multinacional que además tributa en Irlanda (que no la castiga, el coste para Google de cerrar News en España sería cero ) , sino porque muestra el supino desconocimiento de nuestras clase política sobre la economía-red. Aquí tienen algunas notas a vuelapluma:

  • – Para empezar, ¿Nadie ha estudiado lo que ha pasado en los países de nuestro entorno? Si echan ustedes un vistazo a nuestro alrededor, en Bélgica y Alemania hicieron antes cosas parecidas, no funcionaron y ya han tenido que volver a la situación anterior ( via opt-in) una vez que los medios han comprobado que fuera de Google News, pierden lectores, páginas vistas, publicidad, y por tanto, ingresos. Los grandes medios españoles estarán bramando para volver a Google News en menos de un año.
  • – El problema real viene de que quienes han aprobado la ley con sus votos no comprenden la red ni sus mecanismos básicos de funcionamiento, de que no entienden que la estructura relacional de la red se basa en enlaces, y que si no hay lucro no puede haber lucro cesante. No, no me van a ver tampoco defender a agregadores de noticias cuyo modelo de negocio se basa en vender “bulk publicity” a cuenta de los contenidos generados y pagados por otros.
  • – El problema real viene de generar un canon ( ¡¡¡¡En 2014!!!!) , calcular las compensaciones con un ábaco y que sean gestionadas por una organización privada, y que además sea un canon irrenunciable, el único que conozco en el derecho continental.
  • – El problema es que va a convertir a España en un estado de excepción en cuanto al derecho de cita regulado en el convenio de Berna y firmado por España, que va a tener enormes externalidades negativas en el mundo académico y sobre todo en el de la investigación.
  • – El problema es que nadie en su sano juicio va a enlazar desde su blog o sus perfiles en redes sociales a un medio de la AEDE, lo que va a generarles, curiosamente, menos páginas vistas, menos publicidad y menos ingresos, que difícilmente van a cubrir con un canon cuyas vías de ingreso son tan creíbles como un paisaje lleno de unicornios alados.
  • – El problema es que va a comenzar una emigración masiva de talento hacia otros países en los que se pueda investigar e innovar en la red, ya que aquí esa puerta se ha cerrado. Si es más fácil hacerlo en EEUU, Mexico o Gran Bretaña.. ¿ Por que arriesgarte a hacerlo aquí?.
  • – Y el último problema es que va a ser perfectamente inútil, y que va a afectar básicamente al ciudadano – ya verán como el famoso canon va a terminar en los presupuestos generales del estado a falta de empresas pagadoras, Google no va a pagar-, no a unas empresas que solo tienen que cambiar de dominio .es a .com y establecerse ficticiamente en California o en Nigeria para evitar a la justicia española.

Como ven, la internet española va a tardar escasas semanas en convertirse en un corralito distópico, una suerte de Albania de Enver Hoxha a dos velocidades, llena de jardines premium cerrados, servicios penalizados  y ciudadanos perseguidos por presunciones de descargas.

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