Con primarias no basta

Uno de los síntomas más claros de la crisis política que vive nuestro país  es la simplificación del debate hasta límites cercanos en muchas ocasiones a un cuento infantil. Una tendencia bajo cuyo prisma, la solución a problemas complejos siempre tiende a ser – sorprendentemente- un cambio sencillo, rápido y barato, un cambio que si no se implemente de forma inmediata solo tiene un responsable, el malvado stablishment político.

Bajo estos parámetros, hay dos  ideas con cuya aplicación se solucionarán todos los problemas políticos de nuestro país: el cambio de ley electoral y las implantación de primarias en los partidos políticos. 

Si bien el cambio de ley electoral tiene menos suerte, ya que dependiendo del clima, hay días que la intelligentsia nacional se inclina hacia el sistema alemán,  y otros  -tras ver algún debate de la cámara de los comunes- al británico, con las primarias no hay duda, son el ungüento amarillo que va a sanar todos los males de los partidos políticos convirtiéndoles por arte de magia potagia en organizaciones modernas, eficientes, democráticas, limpias y benéficas.

Nada más lejos de mi intención que criticar las primarias en los partidos, ya que soy un firme partidario del sistema al menos en su versión francesa, es decir, abiertas a militantes, simpatizantes y ciudadanos de infantería que quieran participar en las mismas,  y restringidas al menos en una primera fase al ámbito nacional y autonómico; pero si creo que es necesario realizar algunas consideraciones.

Para empezar,  he de decirles que las primarias, a pesar de ser un sistema realmente eficiente de selección de líderes que además tiene la virtud de situar al ganador en el tablero de juego, poco tienen que ver con el funcionamiento de los partidos, es decir, por mucho que elijamos estupendos líderes, por si mismas no van a ayudar a generar apertura, transparencia, criterio ni modernidad en unas estructuras como son los partidos políticos, que son al fin y al cabo los que van a organizar los procesos, y en caso de victoria electoral, aportar programas y equipos al líder elegido por este método.

Si lo que queremos son partidos más abiertos y que sean capaces de vertebrar  nuestro país, sirviendo para transformar ya de paso nuestra sociedad, las cosas no son tan sencillas, ya que vamos a necesitar cambios mucho más profundos. Aquí van unos cuantos:

  1. Cambio en la forma de afiliación, dejando menos poder de decisión a las estructuras locales y proporcionando procesos garantistas y rápidos.
  2. Cambio en el ámbito de militancia, en una sociedad global y conectada tiene poco sentido restringir la participación del afiliado a estrechos ámbitos locales
  3. Cambio en las formas de participación y deliberación, flexibilizando los misma y propiciando procesos asíncronos.
  4. Cambio en el modelo de toma de decisiones, permitiendo procesos deliberativos no restringidos al momento de una asamblea concreta
  5. Cambio en la elección de cuadros y formación de equipos.

En definitiva, que muy bien las primarias, pero si nos quedamos solo en ellas, poco cambiará.

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3 Comentarios

  1. 04/10/2013 - 2013-10-04T12:59:53+00:000000005331201310 | #

    Y por qué si en CCAA con 1 millón de habitantes y no en ciudades como Madrid con 3,5 millones o Barcelona con 1,5 millones? Por lo demás de acuerdo en casi todo lo demás.

  2. César Calderón
    04/10/2013 - 2013-10-04T13:06:45+00:000000004531201310 | #

    Por ordenar el proceso, pero efectivamente, las grandes ciudades por encima del millon de habitantes tienen suficiente masa crítica para ello.

  3. 04/10/2013 - 2013-10-04T13:17:55+00:000000005531201310 | #

    Coincido con el artículo, pero creo que obvia algo, y ese algo es el problema generacional,no por un relevo en sí, sino por una cuestión de perspectiva, y es que tales reformas en el funcionamiento interno de los partidos serán hechas por las siguientes generaciones, nunca por las que actualmente ocupan las élites de los partidos.

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