De leyes y unicornios

unicornio

Un viejo y cínico profesor de derecho constitucional que tuvo la mala suerte de tenerme como alumno, comenzaba siempre su primera clase del año explicando la escasa capacidad taumatúrgica de las leyes y constituciones, es decir, su imposibilidad de transformar mágicamente las sociedades por el mero hecho de legislar sus comportamientos en brillantes textos legales.

Durante el siglo XIX, nuestro país vivió uno de sus periodos más fecundos en cuanto a la redacción y aprobación de constituciones , y uno de los más violentos y menos estables social y económicamente.

Desde 1808 hasta 1876, se redactaron nueve textos constitucionales: La constitución de Bayona (1808), La de Cádiz ( 1812), el estatuto Real de 1834, La constitución de 1837, la de 1845, la nonata de 1856, la gloriosa de 1869, el proyecto de constitución republicana y federal de 1873 y la  de 1876.

En ellas, los diferentes legisladores proclamaron la bondad y honradez de los españoles, la existencia de Dios, la inmanencia de la nación española hasta el final de los tiempos y una suerte de inhumana infalibilidad real… y todo lo contrario. Y lo más importante,  ninguna de ellas consiguió cambiar demasiado la miserable forma de vida de los españoles.

Hoy asistimos en los medios de comunicación a una nueva primavera de propuestas, entiendo que tan bien intencionadas como las de los legisladores decimonónicos, en las que se propone cambiar la ley electoral, la de partidos y unas cuantas más, que se describen como fuente de todos los males de nuestra democracia.

Coincido con muchas de las propuestas – con otras discrepo radicalmente- y creo que efectivamente hay que comenzar a actualizar nuestra arquitectura constitucional, convirtiendo las aspiraciones de mayor transparencia y democracia de la ciudadanía en nuevas formas jurídicas explícitamente reconocidas y protegidas.

Pero quien espere que un cambio legal, por grande y radical que sea, suponga una mágica transformación de nuestra sociedad en un paraiso terrenal de cuyas  fuentes manará la ambrosía, los unicornios correrán por verdes praderas, los políticos serán ejemplares, guapos y altos, los partidos  se transformarán en nuevas Florencias en manos de fecundos Medicis, y los empresarios buscadores del bien común, anda muy equivocado.

¿ Que es lo que falla hoy en nuestro país, las leyes o los valores de una sociedad enferma de individualismo insolidario, corrupción política y empresarial e inmovilismo institucional?

Sinceramente, creo que mejorar leyes es bueno, pero trabajar para modificar esos valores que nos han llevado al colapso es bastante mejor.

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