El día que la casa real entró en internet

Les voy a contar una anécdota que creo no conoce demasiada gente. Uno de los últimos inquilinos de La Moncloa, al ser preguntado por su uso de Internet por una de sus visitas, en este caso un grupo de jóvenes, respondió algo parecido a : “Ah si, el otro día me enseñaron una foto mia en un ordenador”.

La relación entre los poderosos e internet nunca ha sido sencilla, normalmente la primera constancia de que existe y de su potencia democratizadora se produce cuando ya se encuentran en medio de algún problema; una fotografía no deseada, un iPhone no localizado grabando durante una noche de fiesta o un comentario poco afortunado, alcanzan tasas de difusión olímpicas en tiempo record sin que ni siquiera el mejor equipo de comunicación pueda suavizar el golpe

No, no es facil para los que controlaban al milímetro su imagen pública, darse cuenta que de repente ese control se ha desvanecido, y que el juego es otro, absolutamente diferente y mucho más complejo. Que ya no basta con llamar al editor de un periódico o al director de una revista para que algo no deseado no vea la luz.

Pues bien, en medio de un vendaval de proporciones bíblicas sobre el Rey,  y con las tasas de aprobación más bajas de la corona en nuestro país desde el comienzo de la democracia, la casa real ha decidido dar un paso adelante, bueno, en realidad toda una completísima operación de marketing, de la que por primera vez forma parte internet.

Porque dejémoslo claro desde el principio, no estamos ante un esfuerzo de transparencia, sino de marketing, y confundir ambas cosas es peligroso. Reportajes en los principales medios, fotografías estupendas, una web, y un videoblog no nos sitúan mas cerca de conocer y tener acceso a la jefatura del estado ni de poder establecer conversaciones más horizontales, eso si, el entorno es mucho más agradable.

Tambien dejemos claro que a pesar de quedarse a medio camino, es un paso adelante, y que no podemos quejarnos al mismo tiempo de que la casa real no tenga presencia en la red y de que la tenga sin caer en la esquizofrenia.

Pues bien, si analizamos el nuevo espacio, además de la pésima selección de la herramienta con la que está realizada  – ¿Por que construirla con software propietario, obligando al estado a pagar carísimas licencias, habiendo opciones mejores y gratuitas en software libre?- , nos encontramos con un espacio basicamente plano, estático y sin posibilidades de interacción, una web  unidireccional que podría haberse realizado perfectamente en el año 2003. Una web para periodistas, no para ciudadanos.

Otra de las claves es que alejándose de las monarquías más avanzadas en este campo, como es la británica, no dispone de presencia en las redes sociales ni está optimizada para navegadores móviles, por supuesto, ni hablar de una app que permita una relación más “jugable” entre la institución y la ciudadanía.

En definitiva, un esfuerzo que se queda a medio camino, más en lo estético que en lo profundo, y que si no evoluciona con velocidad va a quedarse vieja antes de haber nacido.

Todo lo contrario, por ejemplo, a la brillante imagen ofrecida por Letizia Ortiz en sus entrevistas a todos los medios por su cumpleaños. Si la monarquía quiere sobrevivir a esta crisis debe explotar más el diamante que representa la princesa.

Y lo dice un republicano.

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