
A no ser que hayan estado metidos en un refugio antiatómico o que pertenezcan ustedes a una secta que les impida ver la televisión, escuchar la radio o navegar por internet, se habrán enterado de que el PSOE ha celebrado este fin de semana su congreso más importante de los últimos dos lustros, un cónclave que ha elegido como máximo dirigente a Alfredo Pérez Rubalcaba.
Ha sido un proceso en el que no he sido precisamente neutral, y en el que mi decisión de apostar por Rubalcaba ha venido determinada entre muchas otras cosas por su decisión inequívoca de transformar el Partido Socialista, adaptar sus estructuras al siglo que ya comenzó hace doce años y por poner en movimiento eso que algunos llaman Política 2.0, y que otros preferimos llamar Política Abierta. Un proceso en el la constitución de la Agrupación 2.0 del PSOE es solo un primer paso.
No lo tiene precisamente facil Rubalcaba, su victoria en el congreso es solamente el comienzo, y su reto es colosal, algo tan serio como redefinir la agenda política de la socialdemocracia y convertir al PSOE en un partido en red
Una agenda que debe incluir ineludiblemente entre sus políticas troncales cuestiones como la transparencia, la rendición de cuentas, o la definición de nuevos esquemas de participación política utilizando las capacidades de la red, temas que como se podrán dar cuenta, eran prácticamente ciencia ficción cuando fueron enunciados los principios de la Socialdemocracia clásica y que en cambio hoy ocupan espacios centrales en las motivaciones ciudadanas a la hora de decidir su voto en unas elecciones.
Una nueva agenda que en definitiva sirva de guía para comprender esta nueva sociedad que está comenzando a crearse a nuestro alrededor, con nuevos retos, nuevos problemas y nuevas injusticias, que lejos de sustituir a las anteriores se suman a ellas generando espacios sociales en los que las desigualdades impiden al ciudadano que los padece, incluso el mero derecho al pataleo.
En una sociedad como la occidental, cuya locomotora han sido desde hace lustros siempre las clases medias, nos hemos encontrado en los últimos veinte años con que incluso los hijos de esta clase social, los más formados de la generación más preparada de la historia, comienzan a sufrir procesos de exclusión del mundo laboral, un mundo cuyas barreras de entrada cada vez mayores les hace ocupar su tiempo en trabajos de baja calidad, los famosos Mac Jobs, que además de alienarles y embrutecerles les impide alcanzar espacios donde poder desarrollar sus capacidades.
En poco tiempo los países occidentales hemos transitado el camino conduce desde sociedades perfectamente estratificadas y comprensibles, en las que los vectores de actuación política eran rectilíneos, a una nueva era caracterizada por la aceleración, la hibridación social, política y económica y el cambio permanente como único elemento conductor. Sociedades cuyo denominador común es la complejidad.
Y si nuestras sociedades son cada vez más complejas y desafiantes ante las arcaicas estructuras partidarias y gubernamentales, eso nos lleva indefectiblemente a una consecuencia, la acción política y las tareas de gobierno han de ser cada vez más especializadas, sobre todo si fueron pensadas con el fin responder a las necesidades de una sociedad que ya no existe.
En suma, deberá hacer frente a cuestiones muy serias como alejamiento de la realidad de la izquierda , su escasa comprensión de una sociedad en cambio acelerado en la que sus recetas aparecen como desfasadas, alejándose cada vez más de la sociedad compleja a la que quiere representar a base de lugares comunes e ideologemas.
¿ Soluciones?. No las conozco, pero me gustaría aportar al menos tres ideas.
- Debe atreverse a comenzar utilizar lo que los anglosajones llaman “Thinking outside the box” , es decir, pensar de forma diferente, poco convencional y desde una nueva perspectiva, analizando nuestra sociedad en base a lo que es, evitando los apriorismos y trazando posteriormente soluciones reales a los problemas existentes.
- Un proyecto político remozado de principio a fin que base sus actuaciones en la conversación permanente con los ciudadanos, el conocimiento de sus necesidades y preferencias y la resolución de sus problemas, de los más concretos a los más abstractos
- Una nueva izquierda sin complejos, que además de sus reivindicaciones clásicas – convenientemente actualizadas y repensadas- incluya dentro de sus ejes programáticos esas nuevas banderas que son: El Gobierno Abierto, la transparencia, la participación, la Colaboración, los nuevos derechos de los ciberciudadanos, la innovación, el emprendimiento y la construcción de esa nueva política 2.0.
No va a ser un camino fácil, y los obstáculos serán de primer nivel, porque como ya enunció Robert Michels en su tratado “Los partidos políticos” y más concretamente en su construcción de la “Ley de hierro de las oligarquías” las estructuras de partidos y gobiernos, como cualquier cuerpo jerárquico son refractarias a cualquier cambio que genere posibilidades, aunque sean remotas, de incomodidad interna, pero es demasiado lo que se juegan nuestras sociedades como para no intentarlo
Internet no va a ser el canal donde se van a comunicar esos cambios, sino el nuevo territorio en el que poner en marcha esta ambiciosa agenda, un espacio en el que partidos, gobiernos y ciudadanos convivan en pie de igualdad, colaborando, participando y generando redes informales y descentralizadas que otorguen sentido a esta revolución.